Baikal.

El sonido de nuestras risas debe escucharse por todo el pueblo. Tal vez en las casas, cuando nuestro ruido se cuele por las ventanas o rendijas de las puertas, alguien se pregunte qué está ocurriendo, por qué se oyen risas a esta hora de la noche y quién estará siendo tan feliz en este momento. El mundo vive ajeno a nuestra historia, no conoce su enfermedad ni mi temor, su vitalidad o mis sueños, no sabe de nuestro pasado y mucho menos de nuestro futuro, tampoco son conscientes de la casualidad que nos trajo hasta aquí. Solo nos escuchan y, ojalá, en lugar de hacerse tantas preguntas, en lugar de cuestionarse si nos escapamos de un manicomio o somos delincuentes, sonrieran y supieran que la alegría no entiende de horarios ni de circunstancias. La felicidad está en cualquier parte, a cualquier hora, en cualquier rincón del planeta como, por ejemplo, un afluente del lago Baikal en Siberia.

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